5 jun. 2010

Voy a desperdiciar mi tiempo así.

Sábado por la tarde. La gran casa en la que me encuentro, en la que viví tantos años, está en silencio, excepto por la música que los parlantes de mi computadora portátil escupen, nota por nota, entramándolas todas en una sola melodía al mundo exterior. La música alegra mi mediocre vida: es como un elixir milagroso que rejuvenece mi alma vieja y cansada, que lima los dolores y realza las pocas cosas buenas que quedan en mi. Hace un tiempo escuché a alguien decir que la música es mágica. Nada más cierto.
Miro a mi alrededor. Si estas paredes hablaran, dirían tantas cosas... Presenciaron hechos de toda índole a lo largo de estos años. Peleas, romances, reconciliaciones, nacimientos y muertes. Vieron familiares, amigos, parejas, enfermos, enemigos, locos, ladrones, curas, políticos, psicólogos, doctores, militares, policías, bomberos, artistas... Es una lista imposible de efectuar. Simplemente interminable. Me pregunto si las paredes, en el caso de poder hablar, me echarían la culpa. No lo creo... La gente que me echa la culpa de lo ocurrido es la gente ignorante.
Me miro las manos arrugadas. Veo en ellas decenas de años de trabajo, de creación e inventiva. Trabajo que pocos valoraron. También veo sangre, sangre seca y desteñida. La sangre no se va nunca. Se prende con garras de acero de cualquier superficie.
Miro el cuarto nuevamente: el piso de madera roída, la puerta agrietada y desvencijada, cerrada con seis candados. Las ventanas enrejadas, con el pálido sol otoñal entrando a través de los gruesos maderos que la atraviesan. La mesa llena de toscos mensajes tallados por mi en la superficie. Las paredes blancas, antaño calcinadas por un fuego que ocasionamos nosotros, están ahora llenas de mensajes, fechas, notas, historias, nombres y situaciones escritos en lápiz. Mensajes que nadie mas que nosotros conoce. Cualquiera que entrara sin conocerme me tomaría por un loco, y no descarto serlo. Toda mi vida me trataron como uno, y después de lo ocurrido mi cordura se escabulló lejos.
No hay muebles aparte de la mesa de madera, atornillada a la pared. Mi cama consiste en un montón de sabanas y dos almohadas revueltas de cualquier manera en el piso. Una cucaracha se escabulle entre ellas; no le doy importancia. Hubo cosas peores que una cucaracha en mi cama.
Vuelvo a la PC y sigo con lo que había estado haciendo. Aprieto las teclas con velocidad, plasmando mis recuerdos en la hoja de píxeles que conforma al programa Word. La historia lentamente va tomando forma, y estoy conforme. Finalmente, luego de tantos intentos en el borrador que fueron las paredes, logré dar con el relato definitivamente. Finalmente podré decirle al mundo mi historia. Estoy seguro de que la mayoría hará caso omiso a ella, o simplemente se reirá y dirá que es basura, o peor, que es ficción, pero no importa. Yo sé lo que es cierto, y mientras mi relato llegue aunque sea a una persona, me sentiré realizado.
Estoy cerca del final. Escribo de atrás para adelante los hechos, y finalmente llego al presente. Describo mi cuarto hoy, incluyendo a la cucaracha, mi única compañía en los últimos diez años. Describo la reacción de la gente al verme, y también la mía al verlos.
La última palabra cierra todo. Todas las historias, las de todas las personas a las que conocí durante aquella época, se desarrollan de forma paralela. Se unen en un punto, como pasando por un tubo muy delgado, donde se apretujan y empujan por conseguir un lugar, y finalmente se disparan en distintos rumbos. Hace mucho que no sé nada de los demás, ni quiero saberlo. Todo está suficientemente mal sin estar en contacto, no quiero siquiera pensar lo que pasaría de relacionarnos una vez más.
El punto final que inserto es en realidad una coma. Hay mas cosas que relatar, pero aún no sucedieron. Tal vez nunca sucedan. Tal vez yo muera y nunca me entere, pero ya habré cumplido mi parte. Ya habré comunicado al mundo lo que pasó durante esos años en la gran casa y entonces todo mejorará para mi. Todo mejorará el día que alguien lea mi historia... no, nuestras historias. Tal vez, probablemente, haya muerto para entonces, pero no importa. Sé que, vivo o muerto, esté donde esté, finalmente el archivo que es mi mente se ordenará como por arte de magia y todo estará bien.
Escucho un crujido en el piso, como una pisada, y me giro alerta hacia la puerta. No hay nadie, por supuesto. Otra vez creí oírla llegar. Siempre lo hago.
Esta es mi historia. Probablemente no la entiendas, probablemente no la creas, pero garantizo con toda la cordura que me queda que cada palabra es cierta. Creelo si quieres. Su sola lectura salvará mi alma de los fuegos del Infierno. Solo me resta decirte gracias... gracias por salvarme. Gracias por leer el resumen de nuestras desgracias.

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Este es el prólogo de la novela que tengo en mente hace un año o dos, que empezaré a escribir apenas termine con Despojos, la novela que escribo actualmente. La próxima no tiene nombre aún, aunque uno de los candidatos es "Dante". No daré mas adelantos que lo que publiqué arriba. El prólogo fue una cosa bastante espontánea, a decir verdad; no tenía planeado hacerlo así. Ni siquiera tenía pensado postear algo relacionado con esta novela hoy, pero parece que mi mente tiene otros planes. Espero que les guste, no dejen de comentar!

Tom.

3 comentarios:

  1. Si estuviera en el Facebook, pondría "Me gusta esto".
    Y sí, la música es mágica.

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  2. Aw <3

    Al fin comentas, turra, siempre lees y te quedas callada, jajaja xD

    Y, Camila... No me causa la verdad :S

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  3. Cada día mejor... a medida que escribís cosas nuevas, tengo menos cosas para criticarles. Si viviera de ser tu revisor literario, en poco tiempo estaría desempleado, y muriéndome de hambre.

    Este prólogo me dejó intrigado (es contundente como una patada en el estómago, parafraseando una reseña que leí una vez), así que ojalá y continúes el proyecto (si depende de tu constancia, estoy seguro de que lo vas a hacer).

    Éxitos...

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