5 feb 2017

Escucho

Escucho música alegre, de fiesta, de cumpleaños. Lejos, apagada, de gente que se divierte en otro lado.

Escucho un perro ladrando, enojado, furioso, con ganas de que se termine todo.

Escucho a cada ladrido de ira que otro perro responde con llantos, sollozos de tristeza y pesadumbre. No se de donde vienen, ni tampoco estoy muy seguro de adonde van.

Escucho un maullido. En el techo veo un gato, cuyo color no distingo; es una sombra. Maulla frustrado, bajito, casi imperceptiblemente para que le abran la ventana y lo dejen entrar, para que le den calor y un poco de amor, pero nadie contesta a sus ruegos. Quiero fotografiarlo, pero se pierde en la oscuridad.

Escucho, mientras tanto, el viento que sopla con fuerza, insistiendo en llevarse todo lo que se le cruce por delante. Es un viento despiadado, y el mundo debe saberlo.

Escucho la música, escucho los perros, escucho el gato, escucho el viento. Yo soy ellos, ellos son yo. Somos todo y a la vez nada, somos tristeza, rabia y alegría. Somos frustración y desesperanza, somos la ficha que cae cuando ya es demasiado tarde. Escucho la lluvia, y con ella me deshago y me desahogo.

Al final, no escucho nada.

22 oct 2016

Pensamientos e interacciones II

Son las once y algo de la noche. Tengo frío, sueño y un poco de felicidad porque fue un viernes largo pero lindo, y las pequeñas cosas como escaparme de clase para ir a tomar algo con una amiga es todo lo que necesito para estar realmente contento. Mientras camino por la plaza, la calle me es ajena en sonido, así que no las escucho venir pero las veo cuando se aparecen por el camino diagonal. Vienen juntas y se nota. Yo voy solo, supongo que también se nota. Están felices, como yo. En sus oidos suenan sus propias risas. En mis oídos suena Hannah Peel, que me pregunta si no conozco a mi reina; claro que sí, aunque no es una sino dos; las tengo enfrente mío, lo sé de alguna manera.

Se paran en seco cuando nuestros caminos se cruzan, y la más bajita, de pelo corto, me dice algo que no entiendo. Me saco los auriculares, me detengo al lado suyo y trato de prestar atención a las palabras, pero éstas se resbalan de su boca como jabones húmedos. Al segundo intento, un poquito tambaleante, logra articular bien las palabras:

-¿No te da miedo andar con auriculares?

-¿Miedo? - pregunto, pensando que había entendido mal la pregunta; ¿por qué iba a tener miedo?

-Sí, miedo. ¿O te gusta? No se, a mi me da miedo siempre -dice, tomando un trago de su vaso XXL de líquido oscuro y espumoso-. Una vez me gritaron cosas desde un auto tres tipos y pensé que me pedían alguna dirección, pero cuando me paré y me los saque para escuchar me dijeron muchas cosas horribles, fue re feo, me sentí re vulnerable. ¿No te sentís vulnerable vos?

-No - y aunque lo digo riéndome, me preocupa un poco. Bastante-. Creo que todo lo contrario, me siento más seguro

-Que suerte,  boludo -toma otro trago con el sorbete, el cual le cuesta varios intentos encontrar-. Yo con los auriculares me siento re aislada del mundo, no me gusta eso. ¿A vos te gusta?  Igual como que está bueno a veces.

No presto atención a lo que me dice, aunque registro las palabras. No puedo evitar seguir dándole vueltas a cómo un hecho tan insignificante como usar auriculares puede volverse tan grande, tan importante, tan atemorizante.

-Bueno, anden con cuidado que es tarde - me siento un poco ridículo aconsejandole algo así a quien apenas tendrá unos años menos que yo, pero a ellas no parece importarles. Me caen bien sin conocerlas, y me preocupa la borrachera de la chica bajita de pelo corto como si fuera mi amiga.

-Si, para eso estoy yo, para cuidarla - interviene la chica rubia por primera vez, con un pelo ondulado, largo, hermoso. Sonríe de manera muy inocente, casi infantil. Le brillan los ojos a la luz del farol de la plaza y le pasa el brazo fraternal por los hombros. El comentario me hace sonreír otra vez: no tiene contextura tal que te haga creer que puede proteger a alguien, pero lo cierto es que creo al cien por ciento que va a protegerla a ella de cualquier cosa.

-Es mi cumpleaños hoy, toma un trago por mi cumpleaños - dice la chica bajita, extendiéndome el vaso.

-¿Es tu cumpleaños? Felicidades, ¿cuántos cumplís?

-Fue hace dos días en realidad -mi mensaje, por supuesto, se perdió en el medio-. Es fernet nada más eh, no tiene drogas ni nada raro, en serio, no te preocupes. Te lo juro.)

-Te creo , te creo. Un trago nomas -la bebida está un poco caliente, pero efectivamente es fernet; sin drogas ni nada raro-. ¿Como te llamas?

-Camila, ¿y vos?

-Tomás -como haciendo honor a mi nombre y cumpliendo con mi presente del indicativo, ella toma un trago-. ¿Cuántos años cumplís?

-Veinte -ahora extiende el brazo hacia la chica rubia riéndose un poco más, antes de repetir:- Cumpli hace dos días igual.

-Ah, bueno, yo cumplo en tres semanas, el 18

-¡Nooo! ¿Sos de Escorpio? Que capo, choque

Y chocamos.

-En tu cumpleaños voy a pensar en vos, te voy a mandar felicidad y buenas energías

-Gracias, voy a estar esperándolas -le digo antes de volver a mi cita con Hannah, que ahora me dice que deje a la risa entrar. Le hago caso y me río, dándome vuelta por última vez para verlas cruzar la avenida. Ellas también están mirando, y me gritan "¡Aguante Escorpio!".

Buenas noches, y tengan cuidado. Ojalá no tuviesen que tenerlo.

9 mar 2016

Entr'acte II

Leave you? Leave you?
How could I leave you?
How could I go it alone?

Could I wave the years away with a quick goodbye?
How do you wipe tears away when your eyes are dry?

Best friend, brother, could I recover?
Give up the fun we have known?
Not to overthink your words every day and night.
Not to reconsider my texts and to rewrite
and to rethink and to reread...
How could I survive?

Could I leave you?
And your posts of the world's best bands?
And our meetings with all those looks, cryptic words,
sullen glares from your hard dark eyes?

Leave the quips with a sting, jokes with a sneer,
friendship demonstrations once a year?
Leave the lies ill-concealed,
and the wounds never healed
and the game's not worth winning?
And wait! I'm just beginning!

What?!
Leave you, leave you?
How could I leave you?!
What would I do on my own?
Putting thoughts of you aside in my favorite bar,
would I think of suicide...?
Please, don't make me laugh!

Could I live through the pain while the time passes by?
Would it pass? It would pass.
Could I bury my rage with a friend who is there
and who cares? Bet your ass.

But I've done that already,
or didn't you know, friend?
Tell me, how could I leave
when I left long ago, boy!

Could I leave you?
No, the point is, could you leave me?

Well, I guess you could leave me the laughs,
leave me the smurfs,
leave me Eiichiro's Bar, the jokes and all that.
You could leave me the logs for sentiment's sake
and ninety percent of the drawings we made.

And the chats and the books;
my friend, you keep the drugs,
buddy, you keep my boots.
And boy, I'll take the memories,
you just keep forgetting.
Keep all of your shit and...
Just wait a goddamn minute!

Hah!
Leave you?
Leave you?!
How could I leave you?!
Best friend, I have to confess...

Could I leave you?
Yes!
Will I leave you...?
Will I leave you?
Guess!

7 mar 2016

No more

They disappoint,
they disappear,
they die but they don't.
They disappoint
in turn, I fear.
Forgive, though, they won't.

Running away, let's do it;
free from the ties that bind.
No more despair or burdens to bear
out there in the yonder.

Running away, go to it.
Where did you have in mind?
Have to take care: unless there's a "where"
you'll only be wandering blind.
Just more questions, different kind.
Where are we to go? Where are we ever to go?

Running away, we'll do it;
why sit around, resigned?
Trouble is, boy, the farther you run,
the more you feel undefined
for what you have left undone,
and, more, what you've left behind.

We disappoint,
we leave a mess,
we die but we won't;
we disappoint
in turn, I guess,
Forget, though, we won't.

And it's nothing new.

7 feb 2016

Eso (II)

Cinco años son muchos años.

Todavía me acuerdo como era en aquel entonces, y me siento anciano de sólo pensar en ello: me aterraba el monstruo (¿a quién no?), me angustiaba cómo me acechaba todo el tiempo, susurrándome sus cadenas oxidadas las más fieras promesas con cada paso que daba más cerca mío; me desesperaba cuando huía y la gente lo veía de reojo, incluso cuando estas escapadas duraban unos escasos segundos. Jamás me atreví a mirarlo a los ojos, ni siquiera cuando lo tomaba por las astas deformes con mis dedos callosos para volver a encadenarlo,  porque sabía lo que vería reflejado en sus tétricas orbes, y eso era lo que más me aterraba: en el espejo habría algo tan bestial como él, o tal vez más.

Cinco años son muchos años, y ahora ya lo sé: el monstruo soy yo.

Me di cuenta que el monstruo no es tan malo, que de hecho es hasta querible. Lo visito cada vez más seguido, y a veces permito que él me visite a mí. Afuera, aunque crean que no los vemos, que no los sentimos, que no los oímos, siempre están ellos. Los envidiados, los sin monstruo, los ajenos. Cuchichean, murmuran y se ríen, tan lejos que sus rostros se difuminan en la niebla, tan cerca que igual pueden golpearnos, aunque no lo sepan: porque sus risas son como navajas que rasgan suavemente nuestra piel, lo suficientemente fuerte para hacernos sangrar pero sin llegar al punto de matarnos. No nos importa mucho: hemos sufrido heridas mucho peores. No son nada comparados con los espíritus. Al menos nos tenemos el uno al otro, y así todo es más leve.

Nos abrazamos una vez más, porque el horario de la visita ya termina. Todo fue mucho más feliz desde el día que decidimos hablar, entendernos, admitir que somos parte de lo mismo. Hablamos por horas, negociamos, hasta jugamos a las cartas cada tanto. El monstruo aún no es del todo libre, él lo sabe y yo lo sé, y cinco años son muchos años. Sin embargo, ahora goza de ciertos privilegios: sus cadenas se volvieron seda, su calabozo un palacio, su pelaje sucio y descuidado reluce de limpio. A veces yo mismo lo cepillo por horas con una sonrisa distraída en el rostro. Los espíritus siguen rondando (porque ellos jamás se irán), pero al menos el monstruo ya sabe como lidiar con ellos. Los dos aprendimos a controlarlos.

¿Será que en cinco años más el monstruo será finalmente aceptado? ¿Lograremos juntos lo imposible, lo que ni siquiera imaginamos? Tal vez sí. Probablemente no. No porque no quiera, sino porque es mi monstruo, y nadie tiene derecho a meterse con él. No a menos que yo así lo desee.

El monstruo creció, se lamió las heridas, aprendió y me perdonó. Y yo lo perdoné a él.

Y me perdoné a mí.

25 ene 2016

Casi las cuatro

Sólo una gota en la copa
de leche blanca y sudor.
Sólo una gota que toca
lo que no seca el calor.

Sólo una gota en la risa
de cada viejo pastor.
Sólo una gota divina
que anuncia el fin del amor.

Sólo una gota tranquila
que a cualquier sed da pavor.
Sólo una gota que agita
el más profundo sopor.

Sólo una gota que evita
que se marchite la flor.
Sólo una gota maldita
para calmar el dolor.

Sólo una gota que grita
cual viejo y ronco motor.
Sólo una gota que excita
a ese cruel redentor.

Y si una gota me agota,
¿Qué será de mi sin vos?
Lo que de adentro me brota
Se volverá mi canción.

4 dic 2015

Arena para gigantes

Una playa de piedras
que es como arena
arena para gigantes.

Siento los guijarros calientes mientras dejo que caigan uno a uno entre mis dedos, chorreando de forma casi líquida. Me pregunto como se verán en perspectiva, desde arriba de las nubes; nubes que parecen hechas de algodón, pero que no son más que puro vapor difuso. Desde arriba, las piedras de mi playa particular deben verse como granitos de arena ante los ojos de un gigante.

Las olas de agua azul,
pero igual dulce, fría,
adormecen
mis oidos.

Toco el agua cristalina, tan fría que siento cómo se corta la circulación de mis dedos y se contrae la piel. Parece como si quemara con llamas transparentes, y me parece que si toco las piedras que yacen al fondo del lago voy a sentirlas tan calientes como las de la orilla. Bebo un sorbo y, como si de un licor añejo se tratase, siento la quemazón refrescante bajar por mi garganta. Tanta frescura parece transformarme en cristal, y de cristal me siento.

Se golpean.
Se castigan.
Gritos de madera.
Se acarician.
Se renuevan.

Oigo cómo las ramas largas y robustas de los árboles se entrechocan constantemente con el viento, generando sonidos sumamente extraños y melodiosos. Cierro los ojos para grabar esa sinfonía en mi cabeza, imaginando que no es el viento sino un gigante quien con sus manos nudosas mueve los troncos como si se tratara de briznas de césped.

Cuatro estaciones que se suceden
en tan solo un segundo
como granitos
de arena que se caen
en la eternidad de un nuevo mundo.

Veo las montañas cubiertas de nieve retrotraen al invierno; los árboles en su ladera, incendiados por un fuego criminal, son el símbolo del otoño; el sol y las piedras que replican su calor transportan al verano. Entretanto yo disfruto de la suave primavera, rodeado de los arrayanes rojizos con sus hojarascas de un verde intenso que me refugian del calor mientras escribo estas breves líneas antes de que se escurran entre los dedos de mi mente como si se tratara de arena, arena para gigantes.

Siento las piedras, porque sentir es la perfecta razón para inspirarse en un mundo de apariencias y desvanecimientos.

Toco el agua, porque tocar es la infalible técnica para realmente volverse uno con la naturaleza mientras se está rodeado de concreto.

Oigo las ramas, porque oír es la mejor manera de registrar recuerdos en una vida en la que nada parece durar más que unos instantes.

Veo las montañas y los árboles, porque ver es la única opción cuando todo lo demás está obnubilado por las sombras cotidianas.

Y escribo, 
porque escribir siempre fue
 la más conveniente forma
 de escapar para siempre
 de las cosas que nos atormentan.

18 oct 2015

Madre

Las personas estamos hechas de detalles, pequeñísimos detalles que, como células, se entrelazan los unos con los otros formando cadenas, redes, tejidos completos que se unen y congregan capa tras capa hasta construirnos como somos, cada uno único a su manera, cada uno irrepetible, maravilloso y distinguible de los demás.

En este caso pareciera que la serie de tejidos va más allá de su persona, la excede, como una enredadera que se extiende y mete por los recovecos más recónditos. Cada detalle de ese micro-macro-cosmos remite a ella, conectándose entre si como piezas de un rompecabezas inmenso: el maravilloso sonido del piano, el violín o la guitarra colándose desde otra habitación, el suave murmullo del telar o el choque de dos agujas enfrascadas en un duelo de espadas, el delicado aroma del jazmín, de la peperina, la menta o cualquier otra flor o planta de estación; el tarareo, canto o silbido flotando como un espíritu en cada cuarto, la textura suave y natural de las frutas y verduras recién cortadas del jardín, la visión de los estantes llenos de libros o de las paredes llenas de frases y fotos, la tranquilizante y minuciosa existencia de un millar de objetos, cuadros y portarretratos decorando cada rinconcito de pared, mesa o superficie, cada uno con su historia y su sentido. El apacible olor del pan recién salido del horno, de la cena en su punto justo o la merienda preparada con amor. El cariño de un abrazo espontáneo, la tranquilidad de los dedos enredados en el pelo o el beso cálido que todo lo soluciona. Los apodos cariñosos, las series y películas que unen, la música que atraviesa épocas y géneros por igual, la palabra justa para cada problema, tristeza o alegría, la receta perfecta para un día largo, un día deprimente o un día de fiesta; el amor reflejado en una notita a la mañana colocada en el antebaño con algún recado o pedido, la sonrisa eterna que sin importar la circunstancia tranquiliza y apacigua.

¿Son esas cosas las que definen a una buena madre?  Es un concepto muy abstracto y al mismo tiempo demasiado simple. ¿Cómo no creer en algo superior a uno teniendo a una persona que desde el primer instante amó incondicionalmente y que aunque pasen los años y las circunstancias se sigue constituyéndose como la única alternativa posible? Alguien que calla cuando las palabras sobran, que sufre nuestros dolores y derrotas y vive con gozo nuestras alegrías. Alguien que sin ser perfecta se acerca bastante a definir el término. Alguien que con cada gesto, con cada regalito, con cada carta, con cada detalle de los millones que la conforman demuestra que no es sólo una madre, sino que es la única concebible en el mundo.

Gracias por tu vocación, tu alma cálida, tu amor contagioso, tu sonrisa reconfortante, tu abrazo energizante, tus palabras sabias las necesite o no. Gracias por ser la raíz que me nutre, el tronco que me sostiene, la rama que me protege, las flores y hojas que me llenan de vida. Gracias por no sólo traerme al mundo, sino por además construirlo a mi medida y necesidad.  Gracias por brindarme los elementos, la libertad, la confianza y la seguridad de aceptarlo, explorarlo y expandirlo sin temor, sabiendo incluso que eso puede implicar alejarme un poco de vos físicamente pero consciente de que hay algo más que, intangible, nos une para siempre y más allá de todo plano imaginable.

Gracias, ma. Regalarte el mundo es poco.

4 oct 2015

Pensamientos e interacciones

-No me rompas mas las pelotas Francisco, corta... No, cortala porque ya no te banco más, desde hoy que me tenés... ¿Hola? ¡¿Hola?! Pero la puta madre que te parió.
Un bocinazo, una esquina, dos personas. Como salida de un trance al guardar su teléfono celular, la mujer parece finalmente percatarse de mi presencia y sonríe con nerviosismo, soltando un suspirito de resignación, sintiéndose en la obligación de dar explicaciones acerca de sus gritos.
-Mi hijo. Viste como es, les das la vida, tu tiempo y tu plata para que te lo paguen así. Que se le va a hacer.
Es uno de esos momentos de interacción incómoda entre dos transeúntes completamente desconocidos hasta el momento. No sé muy bien que contestarle, primero porque dijo "la puta madre que te parió" siendo ella esa persona, y segundo porque asume que sé cómo es tener un hijo cuando es obvio que no soy padre, al menos no de alguien con edad suficiente de tener un teléfono, así que sonrío y miro para otro lado, concentrado en mi música, rogando que eso sea lo suficientemente cortés como para que no me vuelva a hablar. Momentos antes yo estaba pensando en algo

{esta canción me hace acordar a cuando estuve en Nueva York ojala pueda volver pronto pero por ahora tengo que ir a la dentista mañana ojala como puede ser que todavía no hayan inventado algo o tal vez ya existe algo que arregle las caries de verdad que regenere el diente o lo estimule o una manera de que los dientes crezcan naturalmente ir al dentista es horrible uh mañana tengo que entregar el trabajo practico todavía no lo empecé qué horror y en el dentista nunca sé adónde mirar es tan incómodo no puedo hablar ni puedo interactuar y tengo que mirar ese cuadro feo del rincon y me duele el cuello como cuando en la peluquería me lavan el pelo que me deja el cuello duro tendría que aprovechar y leer los textos críticos pero no tengo ganas es como estar acá parado con esta señora y que me hable porque la escuché puteando por teléfono igual por qué será que mojamos el cepillo de dientes antes de cepillarnos los dientes como surgió esa tradición a la que nadie que tenga consideración por su dentadura escapa tendrá algún respaldo médico científico activará algún químico generando una reacción o es una especie de costumbre rara asentada en la sociedad por quien sabe que razón en la mentalidad colectiva como la de no pisar las grietas de la vereda o la de cuando se pasa la sal de mano en mano hay que tirar un puñado para atrás la verdad es que nunca lo había pensado y es interesante porque si uno lo piensa si hablamos de dientes esa señora acaba de decir que Francisco es un rompepelotas o me parece a mi jaja Francisco es un rompepelotas no lo puedo creer es verdad esto o simplemente una coincidencia tampoco es que este en desacuerdo de todos modos}

totalmente distinto cuando la mujer le atribuyó a Francisco el ser un rompepelotas, y eso alertó al pequeño flaneur que llevo dentro. Me reí por dentro y un poco por fuera y con disimulo me saqué uno de los auriculares (el izquierdo, porque la mujer estaba a mi derecha y no quería que se de cuenta) y escuché con más atención. Ahora la mujer se balancea en el borde de la vereda ansiosa por cruzar, a pesar de que el semáforo está en verde y los autos pasan uno atrás del otro. Da un paso, retrocede. Otro paso, retrocede. Mientras lo hace, sigue jugueteando con el celular, sin mirar realmente lo que pasa en la avenida. Podrían atropellarla en uno de sus descuidos pero no parece que eso la preocupe mucho.
-A ver, vamos a ver si puedo volver a llamarlo... agenda, Francisco, llamar... No, no tengo más batería... La connnciencia de la lora.
Evidentemente es de esas personas entrañables que dicen en voz alta todo lo que hacen, o casi todo. No dice en voz alta que va a agitar el celular con fuerza, cosa que hace, como si de esa manera pudiese recargarlo mágicamente; no parece funcionar, asi que le da un par de golpecitos con la palma de la mano, una vieja técnica para una nueva tecnología. Parece funcionar (claro que sí), porque la veo llevarse el aparato al oído y escuchar con impaciencia. Mientras tanto todo se detiene a nuestro alrededor, y por todo me refiero a los autos. El semáforo está en rojo. Cruzamos. Yo me aburro y me vuelvo a perder

{mañana tengo demasiadas cosas para hacer no sé por qué le dije que podíamos salir hoy si tendría que estudiar Lingüística encima a tomar cerveza bueno al menos cuando vuelva voy a tener sueño pero bueno algunas cosas son mas importantes si me va mal tengo el recuperatorio encima todavía no leí nada de Argentinas para el trabajo práctico ni busque los presupuestos para el evento tengo que levantarme temprano para ir a trabajar enviar por e-mail ese listado que me llevó como una semana elaborar todavía no edite el video ni grabé los tutoriales quien me hubiera dicho que tendría una vida tan ocupada al menos soy feliz tranquilamente podria estar sufriendo ahora bueno tengo mis cosas no importa debería preocuparme por rendir los finales que tengo acumulados nunca voy a ser del todo feliz pero tampoco es un logro o un estadio o si no se la verdad al final las cosas pasan siempre por algo y es mejor de esa manera porque si no fuese así yo ahora estaría quién sabe donde las decisiones que tomé siempre resultaron correctas hasta ahora así que tan mal no debo estar}

en mis pensamientos cuando Francisco atiende. No a mí, claro (¿por qué iría a llamar a Francisco?), sino a ella, la madre con ceño fruncido, cabellera salpicada de canas rebeldes que escaparon a la tintura, con un buzo de polar de Puerto Madryn con una ballena que todo el mundo menos yo tiene. Habla justo cuando llegamos al otro lado de la calle, como completando un proceso de transición. Me perdí la primera parte de la conversación por pensar

{en el trabajo en mi futuro en mis amigos en mis no amigos en los estudios en el viaje en el pasado en el futuro en el evento en los finales en la felicidad}

en mis cosas, pero por suerte no parece haber sido nada importante.
-Sí, no, pero estoy con poca batería... Sí, buen... Bueno, sí, pero no. No. No sé Francisco, es tu padre, no el mío, vos tendrías que estar llevándole los remedios. Claro, vos estás con tu novia y yo soy la pelotuda que se hace cargo de lo que a vos no te gusta hacer. No me grites encima, porque mira que... no sé, ahora voy a ver a tu padre así le doy los remedios estos... Sí, me llamó recién porque vos no le dabas bola, y encima está con la vieja ésta, me ataca, habla cosas extrañas... Parece que fuera otra persona. Vamos a ver otros lugares a ver si... sí, sí. Así que bueno, le conseguiremos otro lugar. Qué va a ser. ¿Vos te pensás que yo tengo ganas de hacerme cargo de esto? Bueno, no. Vos sos el hijo, no yo, te repito. Si, veremos. A ver que pasa. Sí. Bueno. Gracias, dale. Chau.
La cuadra por la que vamos caminando casi a la par está prácticamente a oscuras. La mujer acelera el paso y me sobrepasa, con el teléfono nuevamente en la oreja. 
-¿Hola? ¿Hola? ¡Hola! Tsk, que viejo pelotudo.
Miro para el otro lado para que no se de cuenta de que estoy atento a cada una de sus palabras, anotandolas en mi celular para poder armar un texto después, cuando veo la pintada vieja y mediocre en la pared sucia: "Agus Saavedra". Otra vez me carcajeo pero esta vez me aseguro de mirar a mi celular, adonde voy anotando

{palabras pensamientos diálogos escenas cotidianas paisajes la pared dice Agus Saavedra y esta mujer tiene un hijo que se llama Francisco what are the odds}

cada cosa que pueda servirme para armar un texto después, algo que de testimonio de la serie de coincidencias absurdas que me ocurrieron camino a un bar a las nueve menos cinco de la noche de un domingo cualquiera.
Mis distracciones me hicieron retrasarme. Es lo que pasa cuando uno se abstrae en sus pensamientos y divaga en ese lago infinito que es el inconsciente. Por suerte con tres pasos largos adelanto a la mujer 

{Se llamará Iara o Araceli o Ana o Renata o Romina o algo así no sería raro a esta altura ya nada me sorprende ojalá diga su nombre}

-¡Hola, Manuel!

{Manuel acaba de decir Manuel ya esto no puede ser jajajaja esto es jajajaja el destino jajaja no lo puedo creer dijo Manuel jajajajajaja ya están todos esto es genial}

-Manuel, hola, hola... ¡HOLA! ¿Además de viejo estás sordo ahora? ¿Hola? Sí, ¿a ver ahí? ¿Me escuchás? Bueno... no, que estoy abajo. Sí, ya llegué. ¡Sí! Abrime, dale. No, a la vieja del orto esa no quiero ni verla, no, que no aparezca porque la cago a trompadas. Sí, sí, hacete el gracioso vos. Vamos a ver cómo te reís cuando te la meta en el asilo a la vieja de mierda esa. Bajá que estoy llegando tarde, dale, no tengo todo...
La frase se corta cuando la puerta que lleva a una casa escondida tras metros de pasillo se abre y aparece Manuel

{Un gusto conocerlo usted y su familia son todo un simbolismo absurdo e hilarante en mi vida y eso que todavía ni siquiera tomé nada pero tendría que ir contandome como se llama la vieja esa de mierda de la que tanto hablan dice cosas extrañas tal vez sea yo tal vez ella también sea parte de esta pantomima mística}

y los dos se saludan rápido antes de desaparecer engullidos por la negrura. Idos para siempre jamás. O tal vez no, ¿quién sabe? Uno una pared vieja y desgastada, casi invisible, irrelevante; otro un viejo sordo con una vieja de mierda que solo trae complicaciones a los que se preocupan por ellos; el último un eterno adolescente insoportable que no puede hacerse cargo de las cosas que la vida le pone adelante y escapa por la salida fácil. Cada uno de ellos existentes el tiempo suficiente para hacerme ver

{que la vida sí es una novela una de las buenas y ridículas con muchos clichés como embarazos falsos amnesia para no admitir los errores de la vida y desapariciones misteriosas cuando un actor deja la serie porque no le pagan suficiente o no es lo que pensaba}

que las coincidencias no existen, que las visitas al dentista no son fortuitas, que los caminos a los bares son los más interesantes, que los parciales al final no son tan importantes y que Dios está en las pequeñas cosas y tiene un sentido del humor exquisito.

22 jun 2015

En la fila del cajero

Clank, clank, clank, clank. El ruido que hace el mecanismo que eleva a los pintores por la fachada del edificio es cuanto menos sonoro. Con cada "clank" parece que una cuerda se cortará y los dos trabajadores se precipitaran dentro de su receptáculo celeste en dirección a la acera, como si un pedacito de cielo quisiera suicidarse.

Clank, fsss, clank, fsss. En vez de caer, se elevan cada vez más, las cuerdas deslizándose en los rieles con un siseo reptiliano, sibilantes en su ascenso. Los pintores miran las nubes cenicientas con cierta añoranza a medida que se acercan, como si quisieran volverse una torre de Babel y tocar el sol con las manos antes de que sea la hora de la cena. Algo dentro mío vibra con insistencia y gravedad, como la cuerda de un contrabajo en un vibrato eterno. En ese siseo constante lo veo todo claro por un instante: un golpe fatal, una soga que se suelta, un grito y por último el rancio olor de la muerte.

Zzzzzzzzzzn CHACK. Con un chasquido sonoro la cuerda se corta. El silencio que se genera sigue siendo igual de angustiante. La premonición fatal nace y crece en mi mente, como un tercer ojo que se abre y observa, un augurio de lo que va a pasar. Es una necesidad profética, un instinto imparable. Puedo vislumbrar mi futuro como psíquico, analizando las variables y los destinos en algún programa de televisión, escribiendo libros sobre diferentes horóscopos y los astros alineados y la borla de café instantáneo que compro religiosamente en el super de la esquina, transmitir las verdades a altas horas de la madrugada en un programa de radio local mientras cincuentonas angustiadas y agobiadas por la rutina llaman y escriben incesantemente con la ilusión de que los dioses del Olimpo, del antiguo Egipto o de cualquier lado tengan algo inmenso guardado para ellas y yo sea aquel que sepa transmitírselos. ¿Un divorcio tal vez? ¿Una tarde de compras sin culpa? ¿Esa lencería erótica con la que finalmente insinuarse al vecino de abajo?

Crietch, pat, pat, pat. Dejo de divagar al ver que la cabina no cayó ni desapareció, excepto en mi mente, sino que llegó a lo más alto del edificio y ahora se camufla con el cielo. Lo único roto fue esa tensión interna que me invadía, la ilusión de poderes superiores que tenía. Busco con la mirada en las alturas y veo que los pintores ya no están en el cubículo cerúleo, sino que se alejan paso a paso sobre el techo con el almuerzo en la mano y sus mejores piropos preparados para toda aquella fémina que atraviese la acera. Al menos, gracias a las alturas, ellas no se enterarán jamás de esa absurda competencia. Mi prometedor futuro como profeta se desvanece como el humo del cigarrillo de la anciana que pasa a mi lado; con la vestimenta adecuada, ella podría superarme como adivina.

Pat, pat, plaf, ay Dios mio estás bien, grrrguau guau, vení acá,  beeeeeep, shrieeek, baurffff, ay por Dios no ay por Dios no. La seguidilla de sucesos y sonidos se produce más cerca, y cuando me doy vuelta veo como con delay que hay un anciano tendido en la acera con quien debe ser su mujer arrodillada al lado. El perro que llevaba en brazos instantes antes corre libre de las manos férreas que lo aprisionaban y con la correa ondeando al viento sale disparado en dirección al edificio recién pintado, como en dirección a los pintores aéreos. Por un instante sospecho que el diminuto can va a acusarme de falso profeta, aunque me tranquilizan los quince metros que lo separan de la terraza y las manos desesperadas de la dama, para quien su esposo caído pasó a segundo plano y se avalanza como mi mejor aliada a detener al perro; sin embargo, el animal también tiene un poderoso asociado, quien ante su falta de alas para llegar a los pintores decide darle un fuerte impulso. La bocina genera un ensordecedor estruendo que pronto da paso a la colisión junto al gemido fatal. El vuelo es corto y no alcanza la altura necesitada, cobrándose la vida del pequeño bicho en el camino. Siempre será recordado como el mensajero cuyo comunicado jamás se logró transmitir. Los gritos de la mujer se fusionan con otros, pero yo lo único que escucho es nuevamente la cuerda más grave vibrando en mi cabeza.

A veces los personajes cambian, algunas veces los tiempos no coinciden, pero al final del día las circunstancias siempre son las mismas.

2 may 2015

Entr'acte

Cuando alguien nos decepciona, siempre resulta difícil decidir si seguir o no con esa relación, incluso si quienes nos decepcionaron han hecho cosas buenas por nosotros en el pasado. Hay alguna gente que piensa que hay que perdonar a todos, incluso a aquellos que nos han decepcionado inmensurablemente. Hay otra gente que dice que no deberíamos perdonar a nadie y hacerles probar una cucharada de su propia medicina, sin importar cuántas veces se disculpen. De estas dos filosofías, por supuesto que la segunda es mucho más divertida, pero también puede resultar agotador hacerle probar una cucharada de su propia medicina a cada persona que nos decepciona, ya que todos decepcionan a todos eventualmente y uno no puede ir por la vida dándole medicina a todo el mundo. Cuando vemos el daño que esas personas hicieron en el pasado, es como si nos hubiésemos hecho un moretón hace algún tiempo, el cual ya casi ha desaparecido pero que aún duele cuando lo tocamos, y cuando lo tocamos nos hace querer darle a esas personas una cucharada de su propia medicina.

Pero a veces el perdón no alcanza. A veces la aceptación al cambio no es suficiente. A veces la medicina, propia o ajena, no cura nada sino que lo empeora. A veces lo mejor es quemar algunos puentes y empezar otra vez... Pensar en las decepciones como entreactos en la gran puesta en escena que es la vida, y aceptar que no todos los actores están hechos para los papeles protagónicos.

24 abr 2015

Libros

Libros.

Libros hechos de papel, libros hechos de cartón, libros hechos con sonido y que llaman audio-books, libros que existen solo adentro de una computadora o de esos aparatitos que llaman e-books. Libros de ficción o de no ficción, libros de teatro o libros de ensayos, libros en verso o en prosa, que tampoco es poca cosa. Libros sobre la realidad, o sobre las realidades, o sobre la falta de tal cosa. Libros basados en hechos reales o libros cuyas situaciones y personajes no están inspirados en la realidad y cualquier coincidencia con la misma es pura casualidad. Libros policiales, de misterio, de aventura, de amor, de ciencia ficción o de suspenso. Libros de cocina con recetas para hacer en una hora o en diez, cinco, cuatro, tres, dos, uno o ningún minuto, que se pueden saborear y son tan deliciosos como lo que enseñan. Libros de música con partituras, notas y figuras, con letras y números codificados, libros para cantar o para que nos canten. Libros de política, libros apolíticos, libros apocalípticos, libros apócrifos; libros capitalistas, socialistas, comunistas, anarquistas, marxistas, leninistas, radicales, peronistas, kirchneristas, anti-kirchneristas, ultra-kirchneristas, super-duper-kirchneristas, a-kirchneristas, anti-todo. Libros de izquierda, de derecha, del centro y adentro. Libros de historia local, nacional, mundial, intergaláctica. Libros sobre las estrellas, los planetas y el universo, libros sobre la tierra, sobre el agua, sobre el sol y sobre la gente. Libros con fórmulas científicas, códigos de computación, de enreversadas teorías matemáticas que yo no entiendo o con bellos poemas visuales que mueven algo adentro mío que nadie sabe muy bien qué es. Libros con ilustraciones, con fotos, con garabatos y con demás artilugios cuidadosamente seleccionados o tal vez directamente tirados al azar entre sus páginas por un autor, ilustrador o editor que no está muy seguro de lo que hace. Libros con pocas o muchas palabras, libros con historias que quieren ser cuentos que quieren ser relatos que son microficción y algún día anhelan llegar a ser novelas y volverse famosos. Libros que quieren ser libros, que quieren ser otro y que quieren sobresalir. Libros con centenares de páginas o tal vez sólo unas pocas pero que encierran muy apretadamente todo lo que estamos buscando. Libros hechos a mano, en computadora, con máquina de escribir o en una imprenta monstruosa. Libros escritos con tinta negra, con tinta gris, con tinta roja, verde, azul o de todos los colores del arcoíris. Libros transmisores de mensajes morales, de lecciones de vida o simplemente con una historia para contar. Libros para enseñar, libros para aprender, libros para evolucionar o para desaparecer. Libros con personajes memorables, detestables, profundos o tan planos como la hoja en la que están escritos. Libros con situaciones de ensueño, momentos de tensión o simples espacios de reflexión para distenderse y olvidarse de un mundo que a veces parece sacado de un libro. Libros que son mundos y que nos vuelven parte de ellos en vez de volverlos nosotros parte nuestra. Libros que recién llegan, que ya se van, que estuvieron siempre y uno no sabe de donde salieron o que fueron buscados incansablemente hasta que finalmente se los hace propios. Libros dedicados, libros autografiados. Libros pintarrajeados, libros amarillentos, libros empolvorados. Libros descoloridos. Libros de tirada única, de primera edición, o de tercera o cuarta pero con un valor agregado que nadie comprende. Libros viejos, milenarios, antiquísimos, reliquias hechas de papiros egipcios y con olor a abuelo. Libros nuevos con olor a tinta fresca recién salidos de la imprenta que los clona de a millones para saciar la sed de adolescentes ansiosos por saber como sigue la historia de su heroína o héroe favorito. Libros usados, desgastados, corroídos, despedazados, que se caen de a trozos y que pierden las hojas como si vivieran un otoño eterno, o libros que no se sabe como se mantienen de una pieza. Libros relucientes, rechinantes de limpios, impolutos, de un blanco y negro que encandila y enamora. Libros encontrados, libros perdidos, libros regalados, libros comprados, vendidos, heredados, prestados o robados. Libros propios, libros ajenos. Libros que se esfuman, libros que reaparecen, libros que se esconden.

Libros caros, inadquiribles, que se hacen desear con fervor y que completan algo incompleto en lo más profundo del alma cuando con mucho esfuerzo finalmente se los obtiene y saborea. Libros baratos, a precios absurdos, tesoros despreciados por un capitalismo salvaje y desinteresado; libros en mesas de saldo, bajados, rebajados y recontrabajados de precio, que piden por favor que los compren o que simplemente esperan quietos y en silencio a que uno los encuentre, conectado a ellos por un magnetismo invisible. Libros con precio, libros impagables, libros sin valor. Libros cargados de recuerdos, de historias no escritas, de memorias que nada tienen que ver con su contenido, ¿o tal vez sí?. Libros vacíos, libros en blanco pero llenos de caracteres, libros con su alma como una tabula rasa. Libros religiosos, libros ateos, libros agnósticos, Libros de Dios, de Satanás, de Zeus, de Alá, de Buda, de Krishna y/o de Mahoma. Libros prohibidos, libros mágicos, libros de encantamientos, libros de brujería y hechicería. Libros escritos, subrayados, borroneados, maltratados, descuidados, nunca queridos. Libros toqueteados, manoseados, violados y abusados. Libros vírgenes, libros sacralizados, libros jamás tocados y jamás leídos. Libros venerados, amados, mantenidos, acariciados y abrazados. Libros besados y que besaron alma y cuerpo, libros que llegan a lo más profundo del ser, libros que se nos quedan en las entrañas, libros atravesados en el hígado o en el corazón, libros que nos trascienden. Libros aventureros, libros discretos, libros nómadas y libros sedentarios.

Libros originales, libros falsos, libros plagio, libros fieles e infieles. Libros fotocopiados o anestesiados, multiplicados como los panes y los peces. Libros que nos engañan y libros a los que engañamos. Libros escritos en lengua natal, libros extranjeros, libros traducidos o codificados. Libros inentendibles. Libros que recorrieron el mundo, libros viajados, libros viajeros y libros que nos hacen viajar. Libros editados en Suiza y leidos en Perú, libros escritos en Japón y estudiados en Rusia. Libros políglotas. Libros en español, en ingles, en francés, alemán, chino mandarín, latín o escritos con runas indescifrables que quién sabe de dónde salieron o a que cultura pertenecieron. Libros de filología. Libros de lingüística. Libros de gramática. Libros con el alfabeto, libros con los números, libros con dibujos para colorear o con colores para dibujar. Libros para bebés, para niños, para púberes, para adolescentes, para adultos, para ancianos, para muertos, para santos, para fantasmas, ángeles, demonios o zombies. Libros para todos y todas, para ellas y ellos, para los que no son nada y son todo, para los que lo tienen todo y para los que no tienen nada.


Libros sobrevivientes, libros perdidos para siempre. Libros chamuscados. Libros mojados, llenos de arena, con manchas de té o café, con quemaduras de cigarrillo u olor a tabaco. Libros con flores prensadas y con su aroma impregnado, libros con billetes de hace cien años o de hace dos meses, libros con publicidades o mensajes secretos. Libros con marcapáginas, con las esquinas dobladas, con boletos de colectivo o con servilletas de un café que cerró hace demasiado tiempo. Libros que saben más de lo que dicen o que dicen más de lo que saben.  Libros peleadores, libros pacifistas, libros que reconcilian o que separan. Libros que ayudan o que complican, que tienen las palabras justas o la frase indicada. Libros que transmiten y son transmitidos. Libros que nos atrapan, libros que nos liberan, libros que nos arrojan de un lado a otro sin piedad. Libros insoportables, libros deliciosos, libros placenteros, libros estresantes. Libros en estantes, libros en la cama, en la silla, en el piso, en el escritorio, en el baño, en la bañera o encima o adentro del horno. Libros por todas partes. Libros desperdigados o acumulados, libros ordenados categóricamente bajo reglas específicas que sólo quien los posee, atesora y vigila conoce. Libros amados, libros odiados, libros que son indiferentes. Libros que hacen llorar, que hacen reír, que hacen gritar o que hacen que den ganas de tirarlos por la ventana de un tren en marcha y verlos deshacerse en pedazos que se vuelven cada vez más chiquitos a medida que nos alejamos de ellos. Libros jamás leídos, libros leídos y releídos, libros únicamente presumidos. Libros que se mueven solos. Libros que se leen solos. Libros que nos leen, que nos entran por un oído y nos salen por el otro. Libros que no hacen nada, que no sienten, que no existen más. Libros por existir, libros por escribirse, libros que nunca fueron escritos; libros que ya nadie recuerda, libros que uno prefiere olvidar, libros que son inolvidables, libros siempre presentes.

Libros con historias felices, con historias tristes, con finales alegres o deprimentes. Libros parecidos a nosotros. Libros buenos, malos, regulares, aburridos, divertidos, comerciales, bestsellers, worstsellers, mainstream, underground, top, chic, down, boho, pop, steampunk, goth, emo, freak, hipster, distopías, utopías, entropías, anatomías de un libro que es uno y millones a la vez pero que es irrepetible en su inmensitud. Libros infinitos. Libros únicos como el ADN, como las huellas digitales, como los granos de arena de la playa. Libros personales, libros sin persona. Libros que buscan dueño o que ya lo encontraron. Libros insoportablemente vivos, libros eternos, que nunca mueren. Libros que vieron nacer a la humanidad, libros que la verán morir. Libros que lo saben todo, libros que contienen la vida entera de una persona, una vida tan insignificante que se cuenta en ciento y pico de páginas o tal vez menos. Libros denigrantes, insultantes, absurdos. Libros escritos por Shakespeare, Milton, Lord Byron, Mary Shelley, Moliérê, Balzac, Jane Austen, Dostoyevski, Bocaccio, Urasawa, Dante Alighieri, Cervantes, Quevedo, Garcilaso de la Vega, Virgilio, Virginia Woolf, Victoria Ocampo, Julio Cortazar,  Jorge Luis Borges, Mario Vargallosa, Eduardo Galeano , Agatha Christie, Stephen King, J. R. R. Tolkien, J. K. Rowling, G. R. R. Martin, Daniel Handler, Lemony Snicket, Stephen Sondheim, Michael Ende, Cornelia Funke, Isabel Allende, Liliana Bodoc, Guillermo Martinez, Tomás Eloy Martinez, Cumbio, Belén Francese, Moria Casán, El Rubius, Lanata, el famoso que inventaron antes de ayer en la tele o la persona que se murió, estuvo en un escándalo o por alguna razón es parte de la opinión pública y en un instante ya tiene ocho libros sobre todo lo que necesitamos saber acerca de él o ella. Libros de escritores muertos, de escritores vivos, de escritores que aún no existen porque no salen en las revistas. Libros que leemos por placer, libros que nos obligan a leer, ya sea un tercero o el libro mismo. Libros de todo lo que uno pueda imaginarse: para ciegos, para sordos, para mudos, para enfermos, para sanos, para estudiantes y profesionales, libros para gente que ama o aborrece leer. Libros que no son libros. Libros sobre otros libros. libros vivos. Libros que lo son todo. Libros vivos.

Tan solo libros.

29 mar 2015

Papeles

De papeles está cubierto el sendero serpenteante por el que transito. Cada uno de ellos transmite un recuerdo, una historia, momentos únicos traducidos en fotos, dibujos, notas, cartas, mensajes de amor o de amistad, chistes que sólo emisor y receptor comparten. Hay panfletos publicitarios, boletas de elecciones pasadas, letras de canciones, poemas apócrifos, tarjetas de cumpleaños y notas de suicidio: todas estas hojas de diferente tamaño, color y gramaje adheridas con algo tan ligero como el rocío de la mañana o el rastro pegajoso de un caracol, esperando que algún transeunte las vea y recoja, haciéndolas eternas al rescatar su mensaje, cualquiera sea éste.

El paseante novato intenta tomar todos estos papeles, leerlos, entenderlos, asimilarlos todos, pero esto sólo reduce su marcha y aumenta su carga. En el camino que recorre anochece muy rápido, y los horrores acechan con voracidad para acabar con lo que se crucen, carne o papel, tinta o sangre; al fin y al cabo, ¿no son lo mismo? Pronto aprende el caminante que de nada sirve acumular las historias ajenas en un desesperado intento de incorporarlas cuando uno no se toma el tiempo necesario de armar la propia y crear sus propios papeles, los cuales algún día también quedarán atrás. 

A veces, en algún claro tranquilo o en el medio de una tormenta, algún otro viajero aparece y se une a la travesía. En esas ocasiones, comparten sus experiencias de viaje, cuentan sus historias y se regalan papelitos mutuamente. No es raro que uno se encariñe con ellos, y cuando los vea partir el corazón se llene de tristeza y desazón; en un afán de mantenerlos vivos y cerca, de hacer real otra vez lo que ya no es más que testimonio, uno se sobrecarga de papeles y recuerdos. Por momentos parece funcionar, pero cuando uno se ata al cuello cargas ajenas siempre llega el punto en el que no queda otra salida más que rendirse y dejar que las cosas se vayan. De otra manera el peso acumulado obliga a parar, nos hunde en las arenas movedizas de la memoria, y cuando uno se deja enterrar en ellas por demasiado tiempo es olvidado para siempre. Lleva tiempo aceptarlo, pero hay papeles que pesan más que una piedra y uno no tiene más remedio que dejarlos atrás, anhelando que quien los encuentre pueda acarrear con lo que nosotros no pudimos.

El camino a veces parece eterno, se bifurca y tiene tantos recodos que es imposible contarlos. El tiempo discurre de una manera extraña; a veces los días y las noches duran tanto que parecen eternos, y otras veces son tan efímeros que no entran ni en un tercio de segundo, sucediéndose constantemente en destellos de luz. A veces uno se ve inmerso en un bosque oscuro o en un pantano ponzoñoso donde los papeles son pulpa y su contenido meros borrones; a veces la tierra está tan árida que se vuelve arena y los papeles no se adhieren, papeles milenarios que se cuentan como caracoles en una playa, tan frágiles como papiros egipcios, crujiendo a cada paso dado; y uno camina penando, a veces con tanto viento que uno debe reducir el paso mientras todos esos fragmentos de memoria se arremolinan alrededor. En reiteradas ocasiones el cansancio, el desgaste y las inclemencias del sendero hacen que el caminante se siente y revise los papeles acumulados: en ellos ve los lugares que visitó, las derrotas que vivió, los recuerdos que labró, la persona que solía ser; y con la lluvia empapándolo por dentro y por fuera se ve tentado de dar la vuelta y desandar el camino. Es entonces cuando la campana suena a la distancia, recordándole por qué ya no está en los lugares que dejó al tiempo que alumbra lo que le espera más adelante: cientos de millones de papeles, todos en blanco. Algunos están adheridos con la savia de los árboles o al musgo de las rocas, otros clavados en las espinas de las rosas, algunos cuantos flotan con un viento pasajero y un manojo descansa impermeable sobre el agua de un charco. Cada uno una oportunidad, cada uno una memoria que almacenar, cada uno un nuevo papelito para el libro que cada vez se engrosa más y más.

23 feb 2015

Old friends

We are not the three of us anymore. Now we're one, and one, and one.

But that's what everyone does: blames the way it is on the way it was on the way it never ever was.

8 feb 2015

Finishing the hat.

Yes, she looks for me... good. Let her look for me to tell me why she left me, as I always knew she would; I had thought she understood, but hey have never understood and no reason that they should, but if anybody could... Finishing the hat, how you have to finish the hat, how you watch the rest of the world from a window, while you finish the hat; mapping out a sky, what you feel like, planning a sky, what you feel when voices that come through the window go until they distance and die, until there's nothing but sky...

And how you're always turning back too late from the grass or the stick or the dog or the light, how the kind of woman willing to wait is not the kind that you want to find waiting to return you to the night, dizzy from the height, coming from the hat, studying the hat, entering the world of the hat, reaching through the world of the hat like a window... Back to this one from that.

Studying a face, stepping back to look at a face leaves a little space in the way like a window, but to see... It's the only way to see.

And when the woman that you wanted goes, you can say to yourself, "Well, I give what I give"; but the women who won't wait for you knows that, however you live, there's a part of you always standing by, mapping out the sky, finishing a hat... Starting on a hat.. Finishing a hat... Look, I made a hat...

Where there never was a hat.

28 nov 2014

Veintidós

Si mi vida fuese una obra de teatro, todo lo que pasó hasta ahora no sería más que la preproducción: la preparación de la trama demanda siempre un trabajo minucioso, incluso a sabiendas de que es un trabajo inútil porque al final los actores improvisan y hacen lo que se les antoja. El guión detallaría cada escena y circunstancia, desde el día en que creímos que estaríamos juntos para siempre hasta la explicación de qué llevó a esa situación fatal de pérdida y enfado; qué cena fracasó estrepitosamente, qué me llevó a escribir esa novela y hasta las condiciones climatológicas y sentimentales del día en el que decidí no volver a verte nunca más. Daría datos precisos de todo, hasta de los personajes secundarios y sus vidas privadas (incluyendo, por supuesto, cosas fundamentales como cuáles son sus golosinas favoritas o cuál fue el día en que más solos y desgraciados se sintieron). La elección de los actores sería ardua y difícil, porque tendría que escoger solamente a los mejores y más significativos con el fin de que todo sea llevadero y orgánico. El guión en sí mismo sería una profecía excelsa y todos quienes lo leyeran se sorprenderían, pero al tratarse de un proyecto tan ambicioso ningún productor querría adoptarlo. "En este negocio se necesitan certezas", dirían, "y una obra compuesta por dudas y quizáses no le conviene a nadie".

Si mi vida fuese una obra de teatro, definitivamente se trataría de un musical: las canciones se enlazarían una con la otra,  sucediéndose minuetos, serenatas, réquiems, nocturnos y sinfonías. Cada pieza de música saldría de mi alma, despojándome de mis recuerdos despiadadamente, describiéndome a la perfección y transmitiendo por medio de letra y música todo lo que soy. Serían unas melodías tan armoniosas y profundas que a cada persona de la audiencia le llegarían de manera diferente, tocando una cuerda de arpa dentro de ellos con la delicadeza de una caricia, la cual vibraría por una pequeña eternidad. En los ensayos, sin embargo, algunas canciones no funcionarían y quedarían fuera de lugar respecto a la historia, por lo que no habría mas remedio que recortarlas, a pesar de su belleza. Esas canciones sólo sonarían para mí, como siempre lo hacen, como siempre lo harán.

Si mi vida fuese una obra de teatro, estos serían los minutos previos a que se apaguen las luces: la emoción recorrería a todos como una corriente eléctrica, contagiándose entre todos como una epidemia. Se trataría de ese instante de animosidad y jolgorio que se da cuando la multitud empieza a entrar a la sala, charlando sobre sus expectativas y contándose esas cosas mundanas que a nadie excepto a mí le resultan interesantes. Unos cuantos minutos de alegría injustificada y ruido que se acaba una vez todos se ubican en sus asientos; entonces procederían a mirarse los rostros los unos a los otros mientras juzgan en silencio sus vestimentas con una sonrisa acartonada en los labios, intentando deducir de qué trabajan los demás, su posicionamiento político, si malcrían a sus hijos o cuánto dinero ganan al mes. Todavía no se trataría de mí sino meramente de ellos, los que miran, los únicos y fundamentales protagonistas.

Si mi vida fuese una obra de teatro, los últimos instantes entre bambalinas serían espantosos: yo lo analizaría todo, espiando discretamente detrás del pesado telón de terciopelo, escudriñando rostros y expresiones, vislumbrando más en ellos que lo que cualquier amigo, familiar o cónyugue podría ver en toda su vida. Tomaría ventaja y los desnudaría en cuerpo y alma antes de que ellos me desnuden a mí. Determinaría quién es quién, aunque en muchos casos mi intuición me engañe y me termine jugando en contra. Entonces, antes de que pueda hacer nada, las luces de la sala se apagarían y con ellas las voces de la audiencoa, y aunque mi vida aún no comienza, ya lleva en marcha un largo rato. Me quedaría de pie, quieto, sin saber qué hacer en medio de la negrura. Esa oscuridad es fundamental, esos instantes de silencio atroz y ceguera insoportable, de pequeña muerte, de tensión tenue, de pánico escénico. En ese instante tendría que decidir si quiero seguir con la obra o si quiero correr con desesperación por la puerta trasera aprovechando mi disfraz de sombras, huyendo para siempre de esa multitud ansiosa por juzgarme. Me gustaría pensar que tengo ese poder de decisión, aunque en realidad no puedo cambiar el rumbo de las cosas.

Si mi vida fuese una obra de teatro, el comienzo nadie lo entendería: el telón escarlata se abriría con dificultad, mostrando a un joven que llega demasiado tarde a un mundo demasiado viejo, intentando mantenerse fiel a quién es y a por quiénes es, queriendo llegar a ser sin deshacer, deseando crecer sin desaparecer entre la espuma del mar. Ese joven, claro está, seré yo. El tañido suave de una campana acompañaría cada una de mis pisadas a través de la cosmogonía en la que nací. Lentamente, una a una, las voces y figuras de quienes me componen empezarían a aparecer, empezando con un suave rasguido de guitarra acompañado por el violín y la bailarina, la actriz y el percusionista, el superhéroe y el clarinete, la artista de la vida. El bajo se une y la viola se hace presente. El arpa armoniza. Un piano suave marca el tiempo. Al llegar al centro del escenario, mientras estoy rodeado por los constantes, un sinfin de efímeros correrían y se entrechocarían, estallando al rozarse y volviéndose humo: el cisne, la bruja, el bufón, las hienas, el camaleón, el ratón, las sombras. El preludio de la tortuga finalizaría con cuatro palabras: "siempre hay una excusa".

Si mi vida fuese una obra de teatro, el final sería deslumbrante: no podría ser de otra manera al tratarse de una obra tan breve y extensa a la vez, abarcando tantas situaciones y existencias entrecruzadas, enredadas en una maraña incomprensible pero que cada quien interpreta de manera diferente y particular. Las criticas no importarían (¿acaso importaron alguna vez?), pues la obra nunca es hermética y muta tras cada función, al igual que la vida. Una vida que se repite, igual pero diferente, cada noche a la misma hora. Por más que se prepare y se ensaye y se planifique y se anticipe nunca saldrá de la misma manera... ¿Qué encanto tendría eso? Las tensiones de toda una existencia no se disolverían, sino que se atenuarían y dejarían de importar. Al final lo bueno prevalece sobre lo malo, las desilusiones se entierran en el pasado, las maldiciones se terminan y todo lo que parecía estar equivocado se soluciona mientras que quienes se hicieron merecedores vivieron una vida larga y feliz. El escenario sería un desfile de colores y luz, todos bailando y celebrando sus logros mientras la campana, la guitarra, el violín, la orquesta no dejan de sonar, hasta que el viento empieza a soplar y las luces de colores se empiezan a apagar como si fuesen velas. Una por una, las figuras e instrumentos se desvanecen también: algunas se mantienen firmes en su posición intentando resistirse, pero es inútil. La ráfaga corroe la carne, funde los metales, deshace la madera y todo esto sin esforzarse siquiera. Al final, sólo se oye la campana, tañendo con más fuerza que nunca. Una luz blanca resiste. Luego llega la tortuga. La campana suena cada vez más suavemente. La luz se apaga. Un último tintineo. Después, el silencio... y los aplausos.

18 sept 2014

Amigo de polvo

Cuando llegaste, amigo de polvo, pensé que eras tan sólido como una roca. Pensé que podía apoyarme sobre vos y dejar que cuidaras mis espaldas; pensé que podía confiarte mis secretos  y tener la certeza de que los mantendrías a salvo en algún recóndito lugar que sólo nosotros dos conociéramos. Supuse que me aconsejarías siempre que yo lo precisara, y que me acompañarías ante la adversidad tan seguro de mí como yo de vos. No esperaba que fuera para siempre, claro, porque los dos sabemos que los para siempre no existen, pero al menos esperaba que fuera real. Ay, amigo de polvo, fue mi error por imaginarte hecho de diamante puro cuando en realidad no basta más que un soplido de aire arremolinado para que te pierdas en otro horizonte.
Te vi desarmarte, y fui necio porque no me permití aceptar que estaba equivocado respecto a vos. No es sencillo traer gente nueva a mi vida, y fue inconcebible pensar que te inmiscuiste como un astuto intruso sin que yo lo notara. Te revestiste de pieles y camuflaste tu aroma, y no logré ver a través de eso hasta que fue demasiado tarde. Lo admito, es más que nada una cuestión de orgullo. Fui necio, y aún lo soy un poco, a veces. Intenté sostener en mi puño apretado unas cuantas de las partículas que te componen, incluso sabiendo que el resto de vos se encontraba ya muy lejos, pero éstas volaron huidizas fuera de mi alcance. Se escurrieron de mis dedos del mismo modo en el que te escurriste de mi vida, del mismo modo en que querría que te escurrieses de mi corazón… y es que aún no lo entiendo, y las preguntas se siguen disparando en mi cabeza: ¿qué hicimos mal? ¿Se terminó ya, así, tan rápido? Y sobre todo, ¿adónde fuiste ahora que ya no perteneces acá?
Supongo que te amoldaste, otra vez, a algo diferente. Tal vez a algo más cómodo. Por eso sos un amigo de polvo, al fin y al cabo: uno no debe acostumbrarse a lo volátil. Calculo que estás condenado a volar a nuevos horizontes cada vez que cambie el viento, y en nuestro caso el viento cambió demasiado abruptamente. Te veo confundirte entre tantas otras personas de polvo, y yo me sigo preguntando si siempre fuiste así o si fueron las circunstancias las que te obligaron a deshacerte de tu corporeidad. Supongo que es indiferente, al menos a esta altura.
Aún cuando al final siempre sople un viento fuerte que te deshaga para siempre quiero que sepas, amigo de polvo, mi querido amigo, que calaste hondo en mí. No sé como lo conseguiste, pero te abriste paso hasta un lugar al que pocos llegan y lo hiciste: dejaste una huella seca e imborrable, una marca árida como tu naturaleza. A veces es un poco amarga, a veces se tiñe de recuerdo y es más dulce, pero sea como sea, no puedo evitar alegrarme de que sea parte de mí.
Hay días en que creo verte, amigo de polvo, volviendo victorioso de una guerra interminable que es invisible a mis ojos, pero al final no son más que motas bailarinas que me confunden con sus ilusiones y se ríen de mis esperanzas. Lo cierto es que no hay batallas en las que participes, no hay nada que quieras cambiar, porque supongo que está en tu naturaleza el pertenecer a todo pero a nada a la vez. Eso es el polvo, ¿no es verdad? Tal vez es más fácil vivir de esa forma… Sin embargo, la sonrisa no se me borra al recordarte, porque confío en que seas feliz con lo que elegiste. Perdón si mis palabras te suenan a reproche, o si parecen bañadas en rencor, pero escribir siempre fue mi manera de llorar, de hacer duelo y de cerrar etapas. No siempre funciona, claro, pero al final nunca se trata de que funcione.

Me pregunto una vez más, entonces, adónde te habrá dejado la ráfaga que te alejó de estos parajes, y si esa será tu morada definitiva. Me pregunto si sos feliz con las decisiones que tomaste, querido amigo de polvo. ¿Acaso los corazones inconstantes sienten de la misma manera? Tal vez si, y tal vez vuelvas a visitarme en algún vuelo. O tal vez me vuelva yo también de polvo y entienda finalmente por lo que pasaste. Hasta entonces, lo único que espero es que estés siempre bien, y que no vivas para arrepentirte de lo que elegiste. Si hay algo que sé es que de todas las cosas malas que nos pueden suceder, la peor por lejos es lamentar nuestras propias decisiones.

20 ago 2014

Vacío.

You are empty:
An empty friend with empty love,
An empty head with empty words,
An empty human empty of empathy.

You are empty:
Empty is your vow, empty is your smile;
Empty is your trust, empty is your heart;
Empty is your way of doing things right.

You are empty:
Emptiness in your beliefs,
Emptiness in your relationships,
Emptiness in your whole life.

You are empty and you do not care.
Or you are empty and you are okay with that.
Or you are empty and you will never change.
But you are empty and I should have known.

And maybe I am empty as well.

27 mar 2014

Diamante

Girl
Watch me
Watch my hands
Draw a line between us
I know you even when I don’t
I have always been a part of your life
Can you feel my mouth on your cheek now?
I feel your happiness, your sadness and your loss
Let me see your heart, wither your pain, ease your sorrow
You’re very special; I’m not special enough for you
Kiss me over and over a thousand of times
Feed your soul, feel the breeze
You won’t be harmed
Leave me here
For now
~

30 ene 2014

When it is all over we still have to clear up

I wish you would see the light
Before the day turns into night.
I wish you would submerge into the river
Before our memories start to shiver.
And when it is all over we still have to clear up.

I am afraid of the dusty robber
Who ran away on the cold October.
I am afraid of that nasty laughter
When someone steals your ever after.
And when it is all over we still have to clear up.

I ask you to use your brain,
But seems like it has been slain.
I ask her to make things right,
But she just want to see you bright.
And when it is all over we still have to clear up.

I do not know who is wrong here,
Though I do know you feel the fear.
I do not know when it will end,
Though I do know who is not my friend.
And when it is all over we still have to clear up.

I feel the steel against my skin,
And I can not find a place to lean.
I feel the tray offering your head,
And I see the bastards full of dread.
And when it is all over we still have to clear up.

I forget the sound of your rough song,
Sang by the dead ones for so long.
I forget to ask you where you went,
Or where is that letter you never sent.
And when it is all over we still have to clear up.

I do not care if you are not mine.
As long as you tell me you are fine.
I do not care to be betrayed,
As long as I know what you have made.
And when it is all over we still have to clear up.

I understand the changes in you,
Perhaps the time will change me too.
I understand the lies you tell,
Perhaps the truth in you still dwell.
And when it is all over we still have to clear up.

And I wish, but I am afraid;
And I ask, but I do not know;
And I feel, but I forget;
And I do not care, but I understand;
That when it is all over we still have to clear up.